El Evangelio de San Juan nos presenta una de las revelaciones fundamentales de la fe de la Iglesia: la necesaria unión con el Señor Jesús. La Iglesia celebra esta unión con alegría y esperanza. En su parábola, el Señor nos revela luces de su identidad y de la identidad de los creyentes: Yo soy la Vida, Ustedes son los sarmientos; revela también una invitación de Amor: permanezcan unidos a mi; y nos da una meta: dar abundantes frutos de Vida, de la Vida que viene de Dios.
Se resalta la importancia de la identidad cristiana como aquellos que están unidos a Cristo, la vid verdadera. La identidad del creyente está arraigada en su relación vital con Jesús, quien es la fuente de vida y de fruto abundante. Esta identidad trasciende las categorías sociales, culturales o económicas, ya que todos aquellos que permanecen unidos a Cristo participan de su misma identidad como hijos e hijas de Dios. Esta metáfora del Señor Jesús es una verdad fundamental para el ser humano en relación y para los pueblos enteros desde la fe cristiana. Para poder lograr fruto de justicia y caridad, el ser humano necesita estar unido al Señor, es una verdad fundamental de la Gracia. No se trata de una comunión sólo de palabra o una unión simbólica, sino una participación en la Gracia del Señor Resucitado. Celebramos el bautismo como el sacramento de esta unión a su Gracia. La Gracia de Dios es la que consagra a las personas. La comunión con Cristo es una comunión en su Gracia y su Verdad. La comunión con la Gracia del Señor se manifiesta en la cualidad de las obras de las personas. Los frutos de la caridad y la misericordia no se miden por una cantidad tal, mínima o máxima, sino por la forma de ser de la acción humana. El punto fundamental es la unión con Cristo en su Gracia.
La metáfora de la vid y los sarmientos también subraya la importancia de los vínculos comunitarios entre los discípulos de Jesús. Así como los sarmientos están unidos a la vid, los creyentes están llamados a permanecer unidos entre sí en el amor de Cristo. Esta unión comunitaria no solo fortalece la identidad cristiana, sino que también produce frutos de amor, servicio y solidaridad en el mundo. Desde esta perspectiva, la identidad y los vínculos humanos derivados del evangelio de la vid y los sarmientos nos invitan a vivir en comunión con Dios y con nuestros semejantes. Reconocemos nuestra identidad como hijos e hijas de Dios al permanecer unidos a Cristo, y fortalecemos nuestros vínculos comunitarios al vivir en amor y servicio mutuo. En última instancia, esta reflexión nos desafía a cultivar una identidad arraigada en el amor de Dios y a construir vínculos de solidaridad y fraternidad que reflejen la presencia del Reino de Dios en medio de nosotros.
El Centro de Investigación y Acción Social (CIAS por La Paz), fundado por la Provincia Jesuita de México, ha desarrollado una Metodología del Buen Convivir, como un aporte a la reconstrucción del tejido social de nuestro pueblo con la esperanza de cooperar para alcanzar la paz, tan anhelada por todos. Sobre la base de la Revelación del Señor Jesús, este camino hacia el buen convivir propone explorar los conceptos de identidad, vínculos y acuerdos desde una perspectiva teológica y ética.
La identidad, entendida como la comprensión profunda de quiénes somos en relación con Dios y con nuestros semejantes, es el punto de partida para establecer vínculos significativos y saludables. En la teología católica, la identidad se fundamenta en el concepto de imagen y semejanza divina, lo que implica reconocer la dignidad inherente a cada ser humano y su llamado a vivir en comunión con los demás.
Los vínculos son los lazos de relación que establecemos con Dios y con nuestros prójimos. Estos vínculos están enraizados en el Amor de Cristo, entendido como el principio fundamental de la vida cristiana. El amor nos impulsa a buscar el bien de los demás y a vivir en armonía con la creación, reconociendo la interdependencia y la solidaridad como valores fundamentales. Los vínculos se fortalecen a través del diálogo, la escucha activa y el respeto mutuo. Es importante cultivar relaciones basadas en la confianza y la colaboración, reconociendo el aporte de los otros como un don que enriquece nuestra experiencia comunitaria. Además, la reconciliación y el perdón son elementos clave para restaurar y fortalecer los vínculos que han sido dañados por el pecado y la injusticia.
Los acuerdos se refiere a la búsqueda de la sabiduría y la prudencia en nuestras acciones y decisiones. En el contexto de la fe católica, la cordura implica vivir de acuerdo con los valores del Evangelio y discernir la voluntad de Dios en nuestra vida cotidiana. Esto implica cultivar una conciencia ética y moral que nos guíe en nuestras elecciones, buscando siempre el bien común y el desarrollo integral de la persona.
El enfoque del buen convivir ofrece una perspectiva rica y profunda para reflexionar sobre los conceptos de identidad, vínculos y cuerdos desde una visión teológica y ética, en la que podemos reconocer la Revelación de la Vid y los Sarmientos por parte del Señor Jesús. Al centrarnos en el amor, la solidaridad y la búsqueda del bien común, es posible construir comunidades más justas, fraternas y reconciliadas, donde cada persona pueda desarrollar plenamente su dignidad como hijo de Dios.
Esta propuesta del CIAS por la paz ha dado fruto en municipios de algunos estados de la República y en algunas diócesis de nuestro País. Puntualmente, en nuestra Arquidiócesis de Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera y el P. Atilano González SI acordaron iniciar una experiencia de trabajo en la Parroquia de San Rafael Arcángel, en Monterrey, con el objetivo de encontrar una experiencia de reconstrucción del tejido social desde la pastoral diocesana. Actualmente, la Arquidiócesis de Monterrey ha establecido al Equipo Diocesano para la Reconstrucción del Tejido Eclesial y Social
En el presente, esta construcción por la paz, como fruto del Espíritu Santo, ha permeado en la iniciativa llamada Diálogo Nacional por la Paz, la cual ha sido presentada por algunos sectores de la sociedad, entre las que se cuentan el CIAS por la Paz y la Conferencia del Episcopado Mexicano. Los actuales candidatos a la presidencia del País han sido convocados a sumarse a esta iniciativa.
En estas iniciativas pastorales podemos reconocer la base fundamental del mensaje del Señor Jesús: identidad y vinculación, lo cual puede dar el fruto de una acuerdo de los corazones para realizar una acción comunitaria misericordiosa. Los creyentes estamos en la certeza de que estas acciones requieren de la Gracia del Señor Jesús. El mensaje del Evangelio y las iniciativas que se proponen son esperanza real y cierta en que las relaciones humanas pueden ser sanadas y restauradas como manifestación y testimonio de que la obra redentora de Cristo sigue actuando en el presente y de que la paz es un fruto que es posible en nuestros corazones, nuestras familias y comunidades, y en nuestro pueblo entero.